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sábado, 14 de septiembre de 2013

Tim Hecker - Virgins (Kranky,2013) para Concepto Radio



*Recientemente dediqué un post tras las primeras escuchas de este "Virgins", la nueva obra de Tim Hecker (**), un músico del que siempre he tenido un especial aprecio y que vuelve tras el excelente "Ravedeath 1972" y que recomiendan en drinkify escuchar su música con una limonada (enlace).Esta semana se publicó mi reflexión más sopesada y extensa sobre este disco, espero que os sea de interés:

Tim Hecker
Virgins 
Kranky


La segunda parte del curso 2013 ha comenzado y nos ha traido una avalancha de trabajos bastante considerable. Entre ellos, algunos marcados a fuego por motivos evidentes. Uno de los que ocupaba un lugar de preferencia elevado, era el debut en Warp de Daniel Lopatin con “R Plus Seven” (que ya dio buena cuenta Frankie Piza recientemente) y cuyos magníficos resultados nos han tenido enganchados desde mediados de agosto. A finales de mes, ya teníamos pululando el nuevo trabajo de Tim Hecker. Escuchando “Virgins” en repetidas ocasiones, uno acaba teniendo la sensación que un experimento que resultó aparentemente fallido como el disco conjunto de Hecker y Lopatin titulado “Instrumental Tourist”, parece revelarse como un importante punto de conexión entre dos universos que ha ido desencadenando una visión diferente en sus posteriores trabajos. Tim Hecker viene de repuntar su trayectoria gracias a un trabajo tan destacado como “Ravedeath 1972” y amplificando esa vertiente neoclásica y acústica con el ep “Dropped Pianos”, consiguiendo moverse hacia un territorio que le diera un nuevo aire a su música demasiado ahogada en “An Imaginary Country” en el drone glicthista y shoegazing que acababa resultando reiterativo al venir como producto posterior de otra de sus cuotas como era el caso de “Harmony in Ultraviolet”.

Buena culpa de la regeneración de Tim Hecker tiene como culpable al último referente dentro de estos parámetros como es Ben Frost (cuyo “By The Throat” sirvió para sentar un nuevo canon dentro del ambient al incorporar esos rugidos descarnados tremendistas) que puso su mano en la grabación del disco y Hecker al mismo tiempo, salió de sus lugares de grabación habituales en su nativa Canadá (Montreal y Ottawa) para buscar parajes islandeses, resonancias espectrales en aquellas iglesias, órganos mostruosos, un nuevo imaginario en definitiva. En “Virgins” decide repetir la jugada de nuevo al volver a estos parajes en Reykjavik, añadiendo Montreal y Seattle, para potenciar estas resonancias partiendo de sesiones de grabación en directo y añadiendo un tono mucho más espacioso a su música sin dejar que se ahogue, al mismo tiempo que le añade el sentimiento minimalista cercano a la obra de Charlemagne Palestine “Strumming Music”, al dejar que los pianos se cuelen como una cascada de notas flotando alrededor de las manipulaciones sintetizadas y digitales de Tim Hecker. Estas características no son las únicas que vertebran el sonido del disco, ya que vuelve a contar con la ayuda de Ben Frost y Valgeir Sigurdsson, con la consecuente introducción de enrevesadas y guturales interferencias de ruido y tajadas desde las frecuencias de los graves apoderándose de todo ese espacio de una manera agresiva y cortante.

Desde el inicio de “Virgins”, Tim Hecker decide mostrarse poderoso con un corte tan emocionante como “Prism”, una auténtica fantasía sintetizada que conecta de manera glacial con “R Plus Seven” y con el tremendismo opresivo de Ben Frost, pero que sobrevive a todos ellos desde el punto siempre palpitante de Tim Hecker. El primer ejemplo del poso cercano al “Strumming Music” de Charlemagne Palestine y otros minimalistas como Reich (me decanto por el punto más visceral en el golpeo del primero) lo encontramos en “Virginal I”, un auténtico rompecabezas enfermizo que pivota entre el sentimiento comunal y eclesiástico de las notas de piano que se ven envueltas entre capas de sintetizador interfiriendo a su alrededor y drones apareciendo hasta acabar colisionando en monstruosos paneles de ruido que hacen temblar las paredes, hasta volver a la calma tras ese crescendo épico hasta el final del corte incorporando puntuales alaridos digitales que potencien de nuevo el aspecto terrorífico y de pesadilla oscilante que hemos encontrado. “Radiance”, retoma el sentimiento del corte inicial al adentrarse en una fantasía sintetizada que nos lleva hasta el recuerdo de su anterior trabajo a la vez que incorpora una faceta cálida desde los sintetizadores, convirtiendo el drama en melancolía. Sentimiento que perdura en las notas iniciales de “Live Room”, para ir viéndose intoxicada por esa arquitectura de horror y tóxicos elementos noise que se van escapando como pequeñas eclosiones fracturadas, en una suerte de lucha entre ángeles y demonios, tensión digital contra melancolía acústica, una fricción desorientada pero perfectamente conducida por Hecker, retorciendo todos estos referentes en una noche estelar en la que el aire se confunde con el humo y cuya coda adicional, “Live Room Out” parece dejar el eco de la batalla en un segundo plano alejado y adentrarnos en un entorno donde la tristeza y el aullido solitario vuelven a apoderarse de nosotros.

Virginal II” juega las mismas bazas que el primer fragmento, pivotando entre dos universos en constante pugna y potenciando el uso de una paleta sonora abigarrada y barroca inflándose de manera épica. Para sacarnos de un excesivo tratamiento desde esta óptica tenemos la breve y caprichosa “Black Refraction” con esos loops de piano entrelazándose de manera lánguida y crepuscular, dándonos un respiro entre una atmósfera amenzante que de nuevo vuelve a trocear esta sensación hasta adentrarnos en el mantra de “Incense At Abu Ghraib” propio de banda sonora aterradora y que “Amps, Drugs, Harmonium” se encarga de conducir de manera irreal y emotiva con esas cascadas de percepción glitchista que tratan de encontrar un factor laureado dentro de su desazón y sin duda, una de las piezas más conmovedoras del disco. Acercándonos hacia la parte final del disco, Hecker nos adentra en dos movimientos como “Stigmata I “ y “Stigmata II”, donde vuelve a recurrir con mayor ponderación al factor sintetizado y de manipulación digital en sus composiciones, dejando que la paleta acústica quede más ahogada y en el segundo fragmento parece alcanzar un nivel de soledad en el disco con esas interferencias errantes que no había conseguido en ninguno de los cortes anteriores. En esta narración interna del album, llega el final apoteósico de “Stab Variation”, retorciendo su discurso hacia un terreno aparentemente más acústico (sin llegar a tratarse de sus trabajos como Jetone), pero en la cascada de loops incesantes se genera esta sensación de travesía gloriosa mediante la colisión de glaciares sonoros que acaban desencadenando un drone ahogado y trágico.

La sensación al final del disco es ver como Tim Hecker es capaz de dar cabida a estas nuevas directrices acústicas en su música pero siempre acaba reestableciéndose el equilibrio al entrar en contacto con el factor digital, en una reacción casi de equilibrio térmico, distribuyendo la energía de ambas expresiones de manera uniforme y cuyo resultado de nuevo vuelve a ser una obra tremendamente perturbadora, a la que me gusta observar como el reverso neoclásico y glacial de “R Plus Seven”.








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sábado, 31 de agosto de 2013

Tim Hecker - Virgins (Kranky,2013)



Tim Hecker : Virgins. El reverso neoclásico y glacial de "R Plus Seven"


* Resulta curioso que un ep tan "aparentemente" fallida como el de Lopatin y Hecker, ahora adquiera más sentido al escuchar las derivadas de su obra en sus discos en solitario. Discos como "Virgins" y "Ravedeath 1972" se apoyan en un tercer vértice fundamental como es la percepción monstruosa del sonido y la descarnada interpretación ambiental de Ben Frost, deconstruyendo un factor minimalista con el factor acústico y la resonancia espacial de las grabaciones en directo junto a las capas de sintetizadores revolviéndose entre caóticas interferencias. Aún tengo que darle más recorrido hasta plasmarlo en la crítica para Concepto Radio, pero es un fin de semana de grandes filtraciones con este "Virgins" y el "Armed Courage" de The Dead C. Fenomenal noche de fin de vacaciones.

Y terminando con las coincidencias con la numerología como apuntaba en mis reflexiones tras "R Plus Seven" (aquí) , doy cuenta de las fechas en las que se filtraron ambos discos: el de OPN el 13, el de Hecker el 31. El primero, en una noche calurosa de verano y el segundo, en una templada noche tras las tormentas del Levante. Coincidencias, sin duda, pero sirven como perfecta historia personal a la hora de paladearlos.




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miércoles, 28 de septiembre de 2011

Tim Hecker . Sketches from "Dropped Pianos EP" (Kranky,2011)


Si éste fue el material que le ayudó a construir "Ravedeath,1972", solo puede ser enorme. En esta ocasión un piano que os recordará al inicio del disco con "The Piano Drop".Desprovisto de todo tratamiento,este material es digno de banda sonora de Bela Tarr.








Charalambides - Exile (Kranky,2011)


Hacía tiempo que no disfrutaba de un disco de la familia Carter pero, a tenor de los resultados en "Exile", la espera a merecido la pena. Primero, aplaudir los casi veinte años de vida discográfica de Charalambides, desde "Our Beed is Green" a día de hoy , han habido muchos senderos transitados por la pareja, quizás de las menos señaladas dentro del underground norteamericano donde siempre nos acordamos de Yo La Tengo,Low,Windy & Carl,últimamente Matt Valentine y Erika Elder y ya en el presente Indra Dunis y Aaron Coyes de Peaking Lights... pero Tom y Christina Carter son dignos de biografía aparte. Valdría con sus discos juntos,pero olvidar sus discos en solitario es un pecado, especialmente los de Christina Carter , la voz femenina del folk norteamericano por excelencia,sin admitir dudas, en la última década (Joanna Newsom es otra cosa).

"Exile" es un disco que aunque atemporal y maravilloso, presenta similitudes con el presente de Richard Youngs y su último largo "Amplifying Ghost". En polos opuestos geográficamente, los Carter desde Houston y Youngs desde Cambridge ,aunque afincado en Glasgow( donde también reside Heather Leigh,parte de Charalambides y cuyo  último lanzamiento: "Posing for  a New Role" es una delicia), han conseguido mantener un regusto por el folk desértico de aires Cooder en sus últimos discos, electrificados y polvorientos.Hay momentos que son indescriptibles como "Words Inside" y sientes que tu cuerpo se balancea igual que a Neil Young en "Dead Man",pero obviamente transformado en páramos folk y donde Christina deja con su voz una lección de minimalismo y de acercamiento al expresionismo liberado de Tim Buckley. Quizás resulte algo desmesurado juntar sus nombres con figuras tan esneciales en la historia de la música, pero aquí me pido el comodín de "la apreciación subjetica de la música". Para mi Christina Carter es una pieza esencial en la música norteamericana donde parece que no haya pasado nada más desde Mary Margaret O'Hara. Miren el gospel psicodélico de "Immovable" para entenderlo (también lo del toque Cooder).

El trio final del disco, ocupa más de media hora y no tiene desperdicio: "Into the Earth", desparramando psicodelia folky en su tramo final , pero "Wanted to Walk" es lo más cercano a Mark Hollis y a Slint en versión folk y el cierre , "Pity Pity Me" no hace más que reafirmarme en todas las comparaciones anteriormente realizadas. Me recuerda la voz de Christina a la de Kristin Hersh en esta canción, mantra que nunca consiguió la buena de Kristin.La aportación de Christina al piano en este disco, es parte fundamental sin lugar a dudas.

Disco de la vida, como diría alguno.


miércoles, 31 de agosto de 2011

A Winged Victory for the Sullen - A Winged Victory for the Sullen (Erased Tapes,2011)


Juntamos en una habitación a Dustin O'Hallaran y Adam Wiltzie de Stars of the Lid con el tandem Hildur Gudnadottir - Peter Broderick y el resultado no puede ser otro que composiciones llenas de melancolía y estanterías llenas de prozac y vicodina, en un precioso disco de colaboración en el que tu mente requiere el mood necesario para procesar toda esta cascada de neoclasicismo. "We Play Some Open Chords" abre el disco desde la delicadeza del piano , las dos partes de "Requiem for Static King" están llenas de poesía cinematográfica (como ideada para una peli de Bela Tarr) y te eleva con "Steep Hills of Vicodin Tears" hacia un éxtasis de duermevela y romanticismo, templanza en "All Farewells are Sudden". Pero todo esta preciosidad se puede hacer pedante o excesivamente pomposa a priori, pero nada que ver. El misterio de saber conjugar y equilibrar el minimalismo del drone con el clasicismo de cámara hace que se respire un aire familiar en dos direcciones, pero sin atascos como demuestra "A Symphony Pathetique", un imaginario himno para todos los muertos tejanos.